la peor película de la historia

Digo yo que cada uno tendrá su película fetiche. Esa que vio en un momento complejo de su vida y que le dejó maravillado y/o/u aterrorizado por lo grotesco de las imágenes que se desplegaban ante sus atónitas retinas.

Oficialmente, la peor peli de la historia es “plan 9 del espacio exterior”, de Ed Wood, que recibió un maravilloso homenaje de la mano de Tim Burton en la película del mismo nombre.

Pero yo le voy a echar un par de huevas y plantarle cara a la oficialidad. Algunos de los que me conocen ya me han oído hablar de ella. Porque para mí, la peor película de la historia es sin duda alguna China O’brien:

El argumento no puede ser más original. China O’brien es una oficial de policía que hace cumplir estrictamente la ley en su ciudad. No recuerdo cuál, pero me apuesto veinte céntimos a que es Detroit. Es asaltada en un callejón por un kinki, y para defenderse, dispara su arma reglamentaria, matando por error a otro kinki, esta vez menor de edad (que no sé qué pintaba escondido en aquella esquina oscura).

El caso es que China no puede vivir con ello y abandona el cuerpo. Se le enciende la bombilla, y decide regresar a su pueblo, donde su padre ejerce a duras penas de sherif. Sí, a duras penas, porque cómo no, qué novedad, hay un cacique local que pretende imponer su ley.

Cuando el padre muere asesinado por un coche bomba, y sin esperar a ver si los de la ETA reivindican el atentado, China decide tomarse la justicia por su mano e imponer la ley a base de hostias al por mayor.

Dios, se me saltan las lágrimas. De verdad que es una historia tan atemporal que a Shakespeare debería caérsele la cara de vergüenza por no haberla plasmado en papel.

Digo que es la “peor” entre comillas, porque la escena en la que un esbirro recibe el impacto de una bola de demolición y queda ileso es difícilmente superable.

Ah, no, que me estoy equivocando. Esa escena pertenece a la segunda parte. Porque por Dios, es evidente que hubo secuela:

periodismo

Acabo de volver a encontrar un libro que me prestaron y del que me apropié vilmente (Pikabea, antes de marcharme, recuérdame que te lo devuelva). Está escrito por Joseba Sarrionandia y se titula «No soy de aquí» («Ni ez naiz hemengoa»). Se compone de una serie de apuntes, reflexiones y artículos; hay uno que me maravilla, se titula “periodismo”,  y lo transcribo textualmente:

«

Napoleón Bonaparte estuvo recluído en la isla de Elba desde que abdicó en Fontainebleau en abril de 1814 hasta que en la primavera de 1815 reunió a su ejército y decidió volver a París.

Los titulares del diario Moniteur Universel a lo largo de todo aquel mes de marzo son realmente asombrosos, pues ofrecen un testimonio sin par del avance del ex-emperador:

9 de marzo: «El monstruo ha escapado de su destierro».

10 de marzo: «El ogro corso ha desembarcado en Cape Jean».

11 de marzo: «El tigre ha aparecido en la zona de Gap. Hacia allí se dirigen los ejércitos para frenar su avance. Su miserable aventura finalizará, como las de los delincuentes, en las montañas».

12 de marzo: «El monstruo ha llegado hasta la ciudad de Grenoble».

13 de marzo: «El tirano está ahora en la zona de Grenoble y Lyon. Todo el mundo está aterrado desde que él apareció».

18 de marzo: «El usurpador ha osado acercarse hasta un punto situado a sesenta horas de marcha de la capital».

19 de marzo: «Bonaparte se acerca con paso veloz, pero le es imposible entrar en París».

20 de marzo: «Napoleón llegará mañana a las murallas de París».

21 de marzo: «El emperador Napoleón está en Fontainebleau».

22 de marzo: «Ayer por la tarde su Majestad el Emperador hizo su entrada pública en las Tullerías. Nada puede superar este regocijo universal».

»

 

el Hulk Hogan de las hortalizas

Se caga en todas y cada una de las bocas finlandesas cada vez que intenta comprender cómo funciona su móvil; cuando le da por cocinar deja la cocina somo si hubiera sido escenario de un atentado checheno; no es capaz de dormir sin desplegar todo un repertorio de ruidos grotescos, y si de él dependiera, le gustaría ser enterrado en chándal.
En otras cosas no será muy diestro, pero hay que reconocer que mi padre sabe sacarle partido a su huerta:

cirugía ocular

Pues sí, acabo de someterme a una cirugía “láser” PRK, y hoygan, aparte de dos días de dolor desgarrador, ha merecido la pena. Un pecado no haberlo hecho antes.

Estoy impaciente por poder volver a mirar el escote de las jóvenas con el mismo descaro de antaño.

Aquí, un fotomontaje de cómo habría sido operarme en la infancia con la tecnología de la época:

Me imagino al cirujano quitándome las vendas como en la escena del espejo de Batman, mientras dice algo así como:

– «Güeno, usté quería unos ojos nuevos, y éstos, aunque no sean como se lo esperaba, son ojos, ¿No? Para el postoperatorio, con untarse bien de Hemoal los primeros días, bastará. Ah, y si no le importa, los honorarios me los paga sin faztura, que el dinero negro está dabuten. »

coche ecológico

Si quieres contribuir a mejorar el medio ambiente pero no tienes pasta para comprarte un coche eléctrico, o eso del biodiesel no va contigo, o bien eres de los que piensan que los coches con sistema KERS son para inútiles que no saben conducir de una manera eficiente, siempre te queda una solución de baja tecnología para contribuir a contaminar un poquito menos con tu vehículo: planta algo en tu parachoques.